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viernes, 2 de marzo de 2018

El ermitaño del Retortillo

Durante algunos años tras terminar la carrera me dediqué a investigar algunos lugares y referencias históricas en las primeras elevaciones de Sierra Morena. Aunque finalmente me decidí a profundizar en el tema del territorio y su influencia en las fortificaciones de la zona durante la Edad Media. También estuve investigando sobre las órdenes monásticas que en el comienzo de la Edad Moderna ocuparon amplios espacios en el desierto de Sierra Morena. La primera de estas órdenes fue la franciscana con sus fundaciones de San Luis del Monte ( Peñaflor ) a orillas del Retortillo, y de su sede principal en el convento de Los Ángeles ( Hornachuelos ) a orillas del Bémbezar. Estas ubicaciones a orillas de los dos grandes afluentes septentrionales del Guadalquivir no estaban elegidas al azar. Tampoco era casualidad que primero los franciscanos y luego los basilios del Tardón, se asentaran en una de las zonas menos habitadas de Sierra Morena. La finalidad de estas fundaciones fue dotar de una estructura organizada ( una regla monástica ) a lo que desde la baja Edad Media estaba ocurriendo en las faldas de los cerros al norte del Guadalquivir, la aparición de ermitaños. Estos hombres se alejaban voluntariamente de la civilización para vivir la religión en total comunión con la naturaleza. 

Ruinas de San Luis del Monte

El fenómeno del eremitismo aparece en muchos credos y religiones. Incluso en la España musulmana existieron murabit ( ermitaños ). Tras la conquista cristiana en la zona de Sierra Morena, se empezaron a establecer ermitaños que con el tiempo fueron acogiéndose a la regla franciscana o posteriormente a la del Tardón. Una de las primeras referencias conservadas en documentación, y precursor de la provincia franciscana, fue la del ermitaño Juan de Blanca en la zona de Hornachuelos. Incluso el místico Bernabé de Palma pasó varios años alejado del mundo en las espesuras y riscos de los antiguos montes marianos. Tras la aparición de estas órdenes en las que los ermitaños se acogían a una regla y podían hacerla compatible con el retiro el fenómeno posiblemente fue descendiendo. 


Vista del río Retortillo desde San Luis del Monte

Sin embargo, a finales del siglo XVI encontramos una curiosa referencia en el libro de registros del hospital de San Sebastián donde se habla de un ermitaño que había conservado su aislamiento, sin reflejarse que estuviera acogido a ninguna comunidad monástica. La mención a este curioso personaje me la proporcionó Rafael Nieto, amigo y gran investigador local. En una de nuestras conversaciones sobre historia cuando estábamos excavando el yacimiento arqueológico de La Verduga, le comenté mis investigaciones sobre los ermitaños y me dijo que leyendo los libros de registro de enfermos del Hospital de San Sebastían de Palma del Río había visto una mención a un ermitaño. Rafa era un investigador minucioso, apuntaba todo tipo de datos para luego someterlos a un laborioso trabajo de reflexión, y conservaba la referencia de dicho ingreso. Pasados unos días me dio la referencia del tomo donde se encontraba el ingreso del ermitaño (Archivo Municipal de Palma del Río hospital de San Sebastián libros de registro año 1595 ). Tras esa alusión, me dediqué a buscar todos los abrigos y cuevas del Retortillo en las dos orillas hasta llegar al antiguo convento de San Luis del Monte. Ninguno de aquellos abrigos parecía haber albergado un habitat habitual, más allá del refugio de ganado. La búsqueda había sido inutil y por largo tiempo quedó como una referencia histórica sin lugar conocido.

Abrigos en la caliza que abundan en las orillas del río Retortillo

Sin embargo, todo cambió hace unos cuatro años cuando durante uno de paseos en el que buscaba interpretar unas estructuras y sillares que había localizado en la orilla palmeña del Retortillo me fijé en una covacha en la orilla sevillana de este río. Me acerqué a dicho lugar y pude comprobar como aquel abrigo horadado por el tiempo en la caliza había sido encalado hacía mucho tiempo y conservaba una especie de Hornacina. Además estaba orientado a la salida del sol y también había cerca un manantial de agua limpia

Posible cueva de ermitaño con hornacina


Detalle de hornacinas

Tras encontrar el lugar volví al archivo y busqué la referencia que en su día me dió Rafael Nieto. Allí encontré algo más de información. El nombre del ermitaño era Pedro de los Grados y su ingreso en el hospital se produjo el viernes siete de julio de 1595. Esta es la transcripción de su referencia de ingreso : " En viernes siete de julio de 1595 se rescibió un ermitaño de las quevas del retortillo es muy viejo, llamase Pedro de los Grados Quadrado es natural de Belalcaçar ". 

 Documento original donde se menciona el ermitaño

1 comentario:

  1. Muy interesante como todo lo que publicas querido amigo. Demuestra tu capacidad investigadora. Un abrazo.

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